Con seguridad que aprender a hacer esos procedimientos no requiere mucho tiempo, pues ¿acaso no hemos permitido que médicos generales recién egresados lo hagan, o que especialistas de otras áreas los realicen, y lo que es peor, que personas sin ningún conocimiento médico y hasta amas de casa ofrezcan sus servicios de rejuvenecimiento cutáneo?
El hacer puede que sea más fácil que el discernir, pero es difícil aceptar que para hacer esos procedimientos solo se requiere de escaso tiempo. Se debe saber por qué se hacen, a quiénes se les pueden realizar, por qué actúan de esa o aquella manera para prevenir dolorosas complicaciones, y sobre todo cómo deberían corregirse estas complicaciones ocasionadas por manos inexpertas. ¿Acaso no existen cinco años de especialización en cirugía plástica o en neurocirugía, para dar solo dos ejemplos, e incluso las largas subespecializaciones quirúrgicas luego de hacer cuatro y hasta cinco años de cirugía general?
Personas sin el adecuado entrenamiento no harían nada de esto, pues sabrían de antemano que estarían exponiendo la vida de sus pacientes. Pero como es en la piel y los procedimientos no son tan invasivos ni las complicaciones tan graves, hemos permitido que por muchos años otras disciplinas y otras personas tomaran nuestro lugar por no darle la importancia que la dermatología correctiva se merece. ¿Para qué nos quejamos, si somos culpables por no haber tomado a tiempo las riendas de la dermatología correctiva? Todavía es oportuno y se llegó el momento de la dermatología para hacerse cargo de ella.
El desarrollo de la cosmética ha llevado al culto de la belleza, así sea por un lapso breve. En estos tiempos de la economía globalizada la apariencia externa juega un gran papel y nadie quiere verse atrapado por los cambios que consigo trae el paso de los años. La investigación científica ha conseguido crear los productos químicos y la tecnología apropiada para desarrollar la floreciente industria cosmética que mueve millones de dólares al año y que quiere mostrarse como el futuro de la dermatología.
La evolución de las tecnologías ha revolucionado la terminología médica y día a día se consiguen procedimientos menos ablativos para responderle a una sociedad en plena marcha que no desea perder tiempo y que quiere aparentar una eterna juventud. La aceptación de estas novedades no se ha hecho esperar por parte de los dermatólogos, llevados por estar al día en los adelantos médicos y ofrecer a sus pacientes lo más nuevo que se conozca.
Se trata de aceptar el presente, estar atentos al futuro y no dejar a un lado las enseñanzas de nuestros profesores y la real historia que ellos trazaron en la dermatología universal. No es ético denigrar de la dermatología correctiva y al mismo tiempo tener centros de estética, de láseres o expendios de productos cosméticos. Más bien contribuyamos a darle la altura y el tinte científico e investigativo que a no dudarlo tiene esta nueva área de la Dermatología.
Jairo Victoria
La MEDICINA cambia a velocidades vertiginosas; lo que ayer era un paradigma hoy es una equivocación o por lo menos una verdad a medias y no solamente en el aspecto clínico y fisiopatogénico de las enfermedades sino con mayor razón en sus tratamientos. La Dermatología es quizás una de las disciplinas que más han sido favorecidas por el desarrollo clínico, tecnológico y terapéutico, gracias al espíritu científico e investigativo de sus dermatólogos que han sido formados en las diferentes escuelas de dermatología del mundo.
Nuestra especialidad se ha tenido que adaptar a la demanda de los pacientes. En muchas universidades del mundo los departamentos de dermatología han tenido que incluir dentro de su pénsum académico la dermatología cosmética o cosmética dermatológica o cosmiatría, o como la hemos llamado en nuestra Escuela de la Universidad del Valle: Dermatología Correctiva.
Es así que como escuelas de dermatología tan serias como las de las universidades de Yale, Iowa, Minnesota, Duke y Texas por mencionar algunas, han decidido como nosotros y muchas otras universidades latinas de México, Brasil, Venezuela y Argentina, incluir en su programa regular de residencia esta nueva área de la dermatología como plan académico complementario. En la mayoría de los 107 programas de residencia de dermatología en los Estados Unidos, la dermatología cosmética y los láseres hacen parte curricular del área de cirugía dermatológica.
Es muy poco académico rasgarse las vestiduras por la llegada de esta nueva disciplina. El temor a que ella vaya a reemplazar a la dermatología clínica, investigativa y quirúrgica, es fruto más de nuestra incapacidad académica para mantener su nivel científico, que a la real dimensión que la dermatología correctiva pueda alcanzar, así sepamos que es mejor remunerada, que está de moda por el estilo de vida que se impone y que la tecnología y la industria cosméticas la quieren imponer.
Es labor de las diferentes escuelas de dermatología evitar que se pierda el interés científico y académico por la tradicional dermatología clínica y la anteriormente desarrollada cirugía dermatológica, atacada ferozmente por sus detractores en sus comienzos, y propender a que la nueva generación de dermatólogos aprenda la importancia de la investigación dermatológica, base fundamental de todos los adelantos con que hoy cuenta la especialidad. Así mismo, enseñar la importancia de la floreciente dermatología correctiva, dándole el tinte científico, investigativo y tecnológico, apoyada en las ciencias básicas que requiera para que sea considerada como una aliada más de la dermatología y no la enemiga banal y lúdica como quieren presentarla los académicos.
Es muy interesante la apreciación del profesor Klaus Wolff cuando asevera que para llegar a ser un buen dermatólogo clínico se requieren varios años de entrenamiento universitario, y muchos años de experiencia para convertirse en un proficiente maestro de la dermatología. Afirma que solo deben tomarse algunos meses para aprender a usar láseres, algunas semanas para aprender a hacer peelings o infiltraciones con materiales de relleno y hasta solo pocas horas para aplicar toxina botulínica. Adicionalmente dice que muchos de esos procedimientos ni siquiera requieren entrenamiento dermatológico, demandan poco esfuerzo y generan gran cantidad de dinero.